Crecí en Latinoamérica, en un país donde apenas el 4 o 5 % de la población era protestante. También era una época y un lugar donde el protestantismo se entendía casi exclusivamente como oposición a todo lo católico, y donde la mayoría de los católicos sabían muy poco sobre los protestantes, más allá de que eran herejes. La mayoría de mis compañeros de secundaria eran católicos de forma muy superficial. Pero otros eran muy devotos, y una de las manifestaciones de su devoción fue que se persignaron al saber que yo era protestante.
En el primer capítulo de su libro Mañana, el teólogo hispano Justo González relata a sus lectores sus experiencias como miembro de una minoría religiosa. Su historia, lejos de ser un caso único, fue la experiencia religiosa común de los latinoamericanos. No sorprende que los teólogos hispanos compararan el crecimiento del protestantismo, o la fe evangélica, en Latinoamérica durante la primera mitad del siglo veinte con la sociedad alemana en la época de Martín Lutero, el reformador.
A diferencia de Alemania, el protestantismo en Latinoamérica no surgió desde dentro, sino principalmente a través de un proceso de adaptación impulsado por causas externas. Algunas de estas causas fueron los esfuerzos de los misioneros visitantes de Inglaterra y Norteamérica a finales del siglo diecinueve, y la influencia del movimiento pentecostal con sus reuniones de avivamiento.
No es mi propósito hablar de Lutero ni de su papel durante la Reforma. Lo que me gustaría destacar es que la Reforma promovió cambios en la iglesia y la sociedad que enfatizaron la importancia de la inculturación del evangelio: el proceso mediante el cual este se arraiga en una cultura específica. La traducción de la Biblia del latín al alemán y la vernacularización de la liturgia de la misa son dos ejemplos concretos de este proceso.
Quinientos años después de las 95 tesis de Lutero, la sociedad latinoamericana reconoce al protestantismo como un importante movimiento sociocultural y religioso que ha beneficiado significativamente a la cultura hispana.
Permítanme destacar dos puntos clave. En primer lugar, la religión ha desempeñado un papel central en la sociedad secular de Latinoamérica, lo que se refleja en el hecho de que, durante varias décadas, la mayoría de los países tuvieron una religión de Estado: el catolicismo romano. Actualmente, solo Costa Rica la tiene. En segundo lugar, los colonizadores europeos impusieron violentamente su religión a los pueblos indígenas. En este sentido, el fomento de la diversidad religiosa y la libertad de expresión fue una de las principales contribuciones del protestantismo a Latinoamérica.
El nacimiento de un movimiento contracultural
Debido a que el catolicismo romano estaba demasiado arraigado en la sociedad latinoamericana, resulta difícil estudiar solo el protestantismo. Este último fue un contramovimiento del primero. Si bien la Iglesia católica en Latinoamérica tenía sus raíces en España, el movimiento protestante provino de Inglaterra y Estados Unidos.
Para fortalecer la labor de los misioneros visitantes, muchas denominaciones protestantes de Inglaterra y Norteamérica establecieron sus consejos en Latinoamérica. La nueva fe encontró su nicho en ciertos grupos de la sociedad. Muchas de las personas que inicialmente abrazaron la fe evangélica eran personas que la sociedad mayoritaria rechazaba debido a su estrato social: por ejemplo, personas de bajos ingresos, sin hogar, ex drogadictos o provenientes de familias monoparentales. Los pastores evangélicos no temían ayudar a los necesitados y trabajar con ellos en la iglesia. Con frecuencia luchaban contra la iglesia establecida, que solía apoyar al comunismo. También denunciaban la corrupción entre los líderes políticos cuando la población se veía gravemente afectada.
Tras un proceso de lucha en la década de 1970, el pentecostalismo y la Renovación Carismática Católica encontraron mayor aceptación en las iglesias hispanohablantes de la región. A pesar de esta importante renovación del catolicismo, las iglesias evangélicas continuaron creciendo en Latinoamérica con un evangelio que buscaba adaptarse a las necesidades del nuevo mundo.
El protestantismo desafió a la sociedad dominante con la promoción de la emancipación de la mujer, un énfasis en el individuo y la creación de un medio donde los grupos pobres y marginados pudieran ser escuchados.
Una iglesia común para gente común
Como respuesta a los cambios socioculturales y la desestabilización política en Latinoamérica durante las décadas de 1950 y 1970, el protestantismo promovió una iglesia común para la gente común. Esta situación se reflejó en la esencia de las iglesias evangélicas, su liturgia y la construcción de sus edificios. Basado en la idea de que la iglesia debía acoger a las personas tal como son no importando su estatus social, el protestantismo introdujo cambios importantes en Latinoamérica. Por ejemplo, cuestionó el clasismo promovido por la Iglesia católica, otorgó mayor libertad en cuanto a las obligaciones religiosas de los miembros de la iglesia y promovió un evangelio más personal.
La fe evangélica adoptó la creencia de que la iglesia era para el pueblo y no el pueblo para la iglesia. Esta nueva perspectiva propició la expansión del movimiento de Renovación Carismática Católica y del pentecostalismo, iniciando una feroz lucha contra la iglesia establecida y el statu quo. El protestantismo se convirtió en un agente de cambio, promoviendo la renovación sociocultural. Fue en este entorno que la fe evangélica comenzó a abrir las puertas a un espacio donde personas de color y de diferentes clases sociales se reunían para celebrar su culto.
El evangelio inculturado
El protestantismo latinoamericano promovió el proceso de inculturación, un proceso que las sociedades hispánicas adoptaron rápidamente. A pesar de la fragmentación de las iglesias evangélicas y su falta de desarrollo institucional sistemático, estas congregaciones crecieron rápidamente y atrajeron a muchas personas. Lo lograron rescatando valores clave de la sociedad latinoamericana e incorporándolos a la vida de la iglesia. Valores como la solidaridad, el énfasis en la familia y un estilo de vida más integrado eran comunes entre la nueva fe evangélica.
El énfasis del protestantismo en el evangelio inculturado permitió a los pastores locales desarrollar un enfoque más evangelizador, aprovechando el impacto de la radio y la televisión. Atrajeron a las generaciones más jóvenes y a nuevos feligreses mediante la creación de programas de audio y televisión que abordaban los problemas del pueblo.
Su impacto fue expansivo. Si bien el protestantismo apenas alcanzó entre el 5% y el 10% en la mayoría de los países latinoamericanos en la década de 1950, hoy en día hay lugares como Honduras, Nicaragua, Costa Rica y República Dominicana donde los protestantes representan más del 40% de su población total. En estos lugares, es fácil encontrar ministerios evangélicos que han estado trabajando ininterrumpidamente durante más de cincuenta años.
El legado de la Reforma aún sigue vivo
Desde la llegada del protestantismo a Latinoamérica, el movimiento evangélico ha continuado su proceso de crecimiento y consolidación, aunque la sociedad ha cambiado y no es como antes. Los países latinoamericanos ya no son homogéneos, pues cada uno ha desarrollado su fe de forma independiente. La unidad sociopolítica y religiosa que existió en Latinoamérica es solo parte de la historia.
Sin embargo, el legado de la Reforma no puede pasarse por alto. La fe evangélica ofreció a los pastores la oportunidad de formarse y capacitarse con misioneros y maestros experimentados. Resaltó la importancia que deben tener las Escrituras en la vida de la iglesia. También promovió un proceso de inculturación que permitió a las congregaciones llegar a la gente común. Dicho proceso se habría desarrollado con mayor lentitud en Latinoamérica sin el arduo trabajo de los misioneros protestantes provenientes del extranjero.
En general, el legado de Martín Lutero y la Reforma es significativo en América Latina, y la comunidad de creyentes allí continúa luchando “la buena batalla de la fe” hoy.
*Originally published in Kerux, Calvin Theological Seminary. 10/04/2025. https://kerux.calvinseminary.edu/the-reformations-legacy-continues-shaping-latin-america/. All rights reserved by the publisher. Used by permission. This post has been translated into Spanish from the English version.
